Había, en efecto, tanto que podrían haber explorado juntos, tantos placeres esperándola a ella... y a él. El pensamiento lo hizo sentirse delirante. Y posesivo. Pero era más que su cuerpo lo que lo intrigaba. Era también su mente. Su espíritu de lucha, su determinación, la conexión que existía entre los dos. Se le colaban en el cerebro, diciéndole que ella se parecía a él más de lo que creía.
Cuando alguien le decía que no podía hacer algo, que no podía tener algo, eso solo hacía que lo deseara