Olivia se quedó mirando su reflejo, inmóvil.
La mujer del espejo parecía... arreglada. El pelo peinado. El maquillaje impecable. La ropa elegida con cuidado, pero allí de pie, con todo finalmente en su sitio, no sentía nada. Ni emoción. Ni expectación. Ni siquiera nervios. Solo... rechazo. Una sensación sorda y persistente que le pesaba en el pecho. No quería ir.
La certeza llegó despacio, calándole hasta los huesos con una extraña especie de calma. No había rabia detrás de ella. Ningún rencor