Isabella puso los ojos en blanco de forma dramática. —Tú a lo tuyo —le espetó.
Volvió a mirar a Olivia y le dedicó una sonrisa con un encogimiento de hombros que rozaba lo disculpatorio. Ni siquiera sus habituales bromas y burlas de hermanos podían mitigar el impacto de su advertencia.
Isabella se alejó, perdiéndose de nuevo entre la multitud, y Olivia se quedó petrificada un momento. Ni siquiera era capaz de mirar a Derek. Sentía el pecho oprimido. Sus pensamientos estaban enredados. Su aprens