Olivia se dejó caer en su silla y soltó un aire que no se había dado cuenta de que estaba reteniendo. Llegaba tarde. Muy tarde.
La oficina zumbaba a su alrededor —los teléfonos sonando en intervalos desparejos, el tecleo de los ordenadores, el rumor sordo de conversaciones filtrándose a través de las paredes de los cubículos—, pero todo se sentía distante, como si lo estuviera escuchando bajo el agua.
Le daba igual. No después de la mañana que había tenido. En todo caso, era un milagro que se h