Los ojos de ella brillaron. Y entonces se lo tragó entero. Su boca caliente y estrecha prácticamente devorándolo por completo, mientras mantenía su mirada como rehén.
El placer era tan intenso que los ojos de él empezaron a cerrarse. Los abrió de golpe; la imagen visual de ella sobre sus rodillas, con esa boca bonita envuelta alrededor de él, era demasiado buena para perdérsela. Sus caderas se sacudieron por cuenta propia, empujándolo más profundo dentro de su caverna cálida y húmeda. Ella asin