Pronto empezaríana caer los insultos. Sus testículos se tensaron ante las chispas de rebeldía que centelleaban en la ardiente mirada que ella le dirigía. Bien por ella.
—Y bien... —se limpió los labios con la lengua, con los ojos ardiendo sobre ella de nuevo—... ¿por dónde iba?
Antes de que ella pudiera hablar o tan siquiera gemir, él volvió a sumergirse. Esta vez, el clítoris de ella se hinchó casi de inmediato, con el botón receptivo sobresaliendo hacia sus ansiosos labios y lengua. Él la lam