Se mordió el labio, pero no pudo evitar sonreír. Sus ojos se posaron en sus brazos, a centímetros de los suyos, en los músculos, las venas. Él la alcanzó, rozando su mejilla con la punta de los dedos. Estaba tan cerca, y por un instante casi estuvo segura de que la iba a besar. Pero entonces retiró la mano y se aclaró la garganta.
—Quizás sea hora de dejar de lado esas S por un rato… y dejar que te ayude a concentrarte en mi S favorita, que es mucho más divertida —dijo en voz baja—. Quizás te g