Ella le dedicó una pequeña sonrisa de agradecimiento, una que confirmó su sospecha de que ella estaba poniendo límites entre ellos una línea que no quería cruzar.
El coche redujo la velocidad al girar hacia su calle. Él aparcó frente a su edificio, con el motor zumbando suavemente antes de apagarlo. Por un instante, ninguno de los dos se movió.
—Gracias por hoy —dijo ella, desabrochándose el cinturón de seguridad—. Nos facilitaste mucho las cosas al traernos. Creo que tienes tres opciones muy b