—Tengo algunas preferencias —añadió rápidamente, recuperando la concentración—. Nada demasiado extravagante. Luz natural. No muy lejos del centro. Buena cocina.
—¿Piensas cocinar mucho, eh? —bromeó ella.
—Pienso intentarlo —corrigió él—. No prometo nada. No cocino a menudo, pero cuando lo hago me esfuerzo mucho y, sin querer presumir, suele salir bien.
Ella sonrió; casi podía oír su sonrisa. —De acuerdo. Dime tus requisitos imprescindibles y empezaré a buscar opciones.
Él dudó. Ahora era el mom