Viendo a su hijo cantar y bailar los sones que había escuchado todas las mañanas desde que llegó a vivir con ellos y viendo como Rebecca preparaba el desayuno, Daniel no pudo evitar sonreír ante la tierna imagen que tenía delante mientras guardaba su uniforme en la mochila.
— ¡El desayuno está listo! —Dijo Rebecca. —Vamos, mi amor, a comer que se nos hace tarde para ir al colegio.
— ¡Sí, mami! —Rud levantó los brazos, celebrando que iba a ir a la escuela un día más.
—Vamos, Daniel, tú también l