Doce de la tarde, las tenues luces de su despacho le refrescaban después de un largo día de trabajo. No hace falta decir cuántos documentos había firmado, no hace falta describir cómo se sentía con ese poder en sus manos otorgado sólo por una firma y todo eso sólo para disfrutar de esa vida: el estatus, el dinero, las copas, los juegos y las mujeres, ¿qué más podía pedir?
Mirando a su alrededor, Stefan suspiró con una sonrisa en la cara mientras llevaba sus manos al reposacabezas.
—Más pronto q