El pitido del monitor cardíaco fue lo primero que escuché al abrir los ojos, una luz blanca y fría se filtraba a través de las persianas, y el olor a desinfectante me golpeó la nariz con una intensidad que me hizo recordar dónde estaba, el hospital, la ambulancia, el desmayo.
Moví la cabeza lentamente, sintiendo que el cuerpo me pesaba como si hubiera estado cargando piedras. La habitación era pequeña, con paredes de un blanco impoluto y una única ventana que daba a un patio interior. No había