El evento corporativo en el Hotel sol era una pesadilla de luces brillantes y sonrisas falsas. Había aceptado acompañar a Rocco porque no tenía excusa para negarme, pero cada minuto que pasaba entre aquellos trajes caros y conversaciones vacías me hacía desear estar de vuelta en los viñedos, con el viento en la cara y el silencio como único compañero.
Rocco se movía entre la multitud con la naturalidad de quien ha nacido en ese mundo. Hablaba con accionistas, intercambiaba saludos con directivo