La noche en los viñedos era más profunda de lo que solía ser. El viento apenas movía las hojas de las vides, y la luz de la luna se filtraba a través de las cortinas de mi habitación, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de madera. Llevaba horas despierta, con la mente atrapada en un ciclo sin fin de pensamientos. No podía dormir. No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado, el desmayo, los brazos de Rocco, la forma en que me había sostenido como si yo fuera lo único que import