Entré al noveno mes de embarazo apenas mucho tiempo después de la restauración formal del honor de mi padre, y con cada día que pasaba, Rocco parecía convencerse cada vez más de que el mundo entero conspiraba, de una forma u otra, contra el bienestar de Arturo Alejandro y el mío.
La mansión, que meses atrás había sido escenario de amenazas y sistemas de seguridad reforzados, ahora se llenaba de un tipo distinto de vigilancia, la de Rocco recorriendo cada habitación calculando riesgos domésticos