Vestida con ropa para montar, Inna sale de la casa y cada uno de sus pasos se siente como un vendaval. Su expresión de pocos amigos hace que los trabajadores se aparten a su paso mientras ella avanza hacia los establos.
La furia sigue latiendo en su pecho como un tambor imparable. La sola idea de que el brazalete qué le regaló su padre cuando cumplió los 15 años, algo que considera una reliquia invaluable, sea ofrecido como un artículo más en una subasta la llena de una ira que no logra control