#147
Tras aquellas palabras y con la entrada del juez, de inmediato la sala se sume en un silencio solemne. Todos los presentes se acomodan en los asientos, mientras otros se ponen de pie por respeto, y solo cuando el magistrado toma asiento en su estrado, les indica que pueden hacer lo mismo.

La tensión en la sala es inmediata, e incluso llega a sentirse palpable, un peso invisible que parece hundir los hombros de algunos de los pocos asistentes, excepto por aquellos dos que ocupan la posición de a
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