Un chico iba pasando en su patineta, perdió el control y se la llevó enredada, iba a caerse en pleno asfalto, si no fuera porque Kyong la sostuvo a tiempo, reflejos que habían mejorado en la cárcel. Ella había estado resignada a caerse al suelo, pero se encontró sobre unos brazos cálidos y fuertes, resguardada por un cuerpo caliente y poderoso, hasta pudo sentir su respiración y no pudo evitar mirarlo.
—Creo que ahora sí necesitas relajarte un poco, para calmar ese corazoncito alocado, ¿no? —Co