Cuando Olegda finalmente regresó al seno de su familia después que los culpables cumplían su condena, fue recibida con los brazos abiertos y corazones rebosantes de alegría. Entre ellos, Félix, su amado hermano, fue el primero en abrazarla con fuerza, expresando su felicidad por tenerla de vuelta. La sonrisa sincera en su rostro y el brillo de sus ojos eran un testimonio del amor incondicional que sentía por su hermana.
Olegda se sintió abrumada por la calidez y el cariño de su familia, especia