••Narra Vienna••
Sentía un nudo en el estómago a medida que el avión ascendía, acercándose al cielo. No era miedo de volar, sino de irme, de arriesgarme a nueva vida.
Estaba poniendo en riesgo todo, incluso mi propia vida, por la posibilidad de recuperar mi movilidad.
Desde la ventanilla, el país se reducía a un mosaico: el verde de los campos, el gris de las ciudades, el azul del mar. Todo parecía tan pequeño desde arriba. Tan lejano.
Hasta que lo noté.
Las luces comenzaron a apagarse.