Agité las manos sin control alguno, desesperada por tomar algo, cualquier cosa. Pero mis dedos solo podían sentir la presión del agua. No había ninguna firmeza, solo mis piernas, pesadas, inútiles, arrastrándome al fondo.
Quería gritar, pero mi sentido de supervivencia me decía que no lo hiciera, que solo tragaría agua y moriría. Los pulmones me dolían, la falta de oxígeno afectaba mi cerebro.
Ya no podía resistir más sin respirar. Inhalé desesperadamente, pero el agua entró en mi nariz.