Arantza solo podía pensar en una cosa: Necesitaba ver a Lenya y disculparse por lo que le había ocurrido al teléfono móvil. Parecía tonto, pero no podía sacárselo de la cabeza. Además, le había prometido que lo cuidaría y no lo cumplió, así que la culpa le corroía las entrañas.
Asumió que Lenya definitivamente se enfadaría luego de ver el celular con la pantalla hecha añicos, por lo tanto, quería enfrentarla esa misma noche o no podría conciliar el sueño.
Estaba molesta con su familia. Amaba a