A Lenya le resultó extraño que Nicolás haya ido a su casa ya que no lo había invitado y ni siquiera se había presentado a trabajar en la empresa ese día, dejando a su secretario como su reemplazo.
Lenya colocó el móvil en la pequeña mesa que se encontraba en el centro de la sala y se dirigió a la entrada para abrir el portón.
—Nicolás —articuló con un tono de regaño—. ¿Qué se supone que haces en mi casa?
—Lenya… —soltó, en lo que el fuerte aliento a alcohol golpeó el olfato de la joven—. Lenya,