El señor Arturo se acercó a Roger. “Es bueno verte muchacho… Solo escúchala”.
Roger estaba feliz de ver de nuevo al hombre, ya era más viejo y tenía su cabello lleno de canas.
Al quedar solo Lili miraba detenidamente a Roger quien caminaba por la habitación desesperado. “¿Por qué Lili? ¿Por qué no me dijiste de ellos?”.
Lili trató de calmarse. “Son solo mis hijos, siempre ha sido así”.
Él se acercó molesto. “¡Son míos! ¡Tenía derecho de saber de ellos! de estar a su lado, de verlos crecer”.