Al regresar al pueblo, entregamos las cosas que logramos recuperar y les ofrecimos escoltarlos a un pueblo vecino con el que podían obtener asilo. A cambio nos ofrecieron algunos víveres, si bien, no era la cantidad pactada, pero entendía la situación y no podía más que agradecer el esfuerzo que hacían al proporcionarnos parte de sus alimentos. Bajo otras circunstancias me hubiese negado a recibir una parte de lo poco que les había quedado, sin embargo, mi pueblo lo necesitaba y no podía darme