—Buenos días —musitó ella, regalándole una sonrisa adormilada que hizo que el corazón de él se encogiera dolorosamente en su pecho.
—Buenos días. —Él se inclinó para darle un beso.
Elena arrugó la cara de forma adorable.
—Apuesto a que mi aliento mañanero es encantador.
—Me importa una mierda —le dijo Chandler. Con el pulgar, le trazó el labio inferior—. Estos valen la pena.
Bajo la brillante luz de la mañana, fue un descubrimiento encantador ver que Elena no tenía ningún pudor de su desnudez,