Sentía todo el cuerpo rígido, así que se estiró antes de taparse con el edredón. Un buen descanso lo solucionaría. Estaba a punto de cerrar los ojos cuando alguien llamó a la puerta. Elena casi gimió. ¿Quién sería? Probablemente Emily o Beth queriendo ver cómo estaba. Volvieron a llamar, ella se quitó las sábanas de encima y se dirigió a la puerta para abrirla.
La abrió de golpe, frotándose la frente, y empezó: «Mira, estoy muy cansada y…». Se quedó paralizada, y apretó la bata con la otra mano