La costumbre del sector era velar al menos dos noches a sus seres queridos y aunque algunos no lo apoyaron porque la partida de Gustavo fue trágica y temprana David decidió cumplir ese mandato popular.
El jueves por la mañana en los patios de la finca se formó la escolta fúnebre, los amigos y los músicos entonando tristes melodías salieron de la casa rumbo al cementerio, en los brazos de Andrea sonrosada y risueña iba Isabel, nadie podía creer que un mal entendido la llevó a parar a aquella finca que estaba dispuesta a llenarla de amor.
David sostenía a Soledad pues su estado de salud aún era delicado, Jordano se acercó a Andrea y le ayudó a cargar a la niña, Yoli una mujer avanzada en años se aproximó a ellos para colocar en su muñeca una cinta roja.
—Ustedes los jóvenes no saben nada de nada, si vamos para el cementerio es preferible no llevar a la pequeña y si le llevan pónganle una ramita de ruda y otra de romero.
Dijo después de dibujar una cruz en la frente de la niña
—No se pre