La felicidad de Ángel.
Ángel llegó a la mansión de Soledad, encontró a Isabella cuidando de Priscila, después de su habitual saludo ella le ofreció un poco de té, Ángel aceptó gustoso y para aligerar su carga tomó a la niña en sus brazos y la miró, ella abrió sus ojos y una sonrisa se dibujó en su cara, al contemplarla tan pequeña e indefensa Ángel la abrazó contra su pecho, las lágrimas brotaron de sus ojos, volvió a sus treinta cuando su esposa aún vivía, abrazó a su nieta y a través de ella a su propio hijo contra