Los días pasaron fugaces. Terminó una semana y luego dos, antes de darse cuenta ya habían transcurrido los últimos días de la tercera semana.
Llegó el día de la boda. Aquella mañana, Soledad se despertó temprano, eran las cinco aún no rayaba el sol y ella ya estaba preparándose para lo que muchos consideraban su gran día. A pesar del frío, entró al baño, llenó la bañera con abundante agua caliente y se sumergió, esperando apagar en sus aguas todo lo que le quemaba. Cerró los ojos y dejó pasar e