Los muros de hormigón del búnker en las montañas de Antioquia quizás fueran capaces de resistir una explosión nuclear, pero no podían amortiguar la tensión que se había congelado entre Sebastián y Valentina.
Habían pasado tres días desde aquella operación de emergencia. El aire dentro del refugio se sentía denso, lleno tan solo del repiqueteo de teclados proveniente del despacho de Sebastián y de los pasos cada vez más lentos de Valentina, lastrada por el peso de su embarazo.
Valentina estaba