El silencio dentro del búnker en la montaña se rompió de repente por el sonido agudo y estático de una alarma.
En la pantalla principal, que hasta hace un momento mostraba gráficos bursátiles, aparecieron filas de códigos rojos moviéndose frenéticamente.
Alguien estaba intentando violar los protocolos de encriptación del Proyecto Sombra.
Sebastián, cuya cabeza aún descansaba sobre el hombro de Valentina tras el ataque de jaqueca, abrió los ojos lentamente.
Su mirada, antes sombría, se tornó