La noche en la Mansión El Poblado se sintió mucho más fría después de la partida de Don Arturo y los invitados. Los restos del aroma de rosas blancas y champán aún flotaban en el aire, pero para Valentina, la atmósfera de la casa ahora se sentía opresiva, como si cada cuadro en las paredes tuviera ojos que la seguían en cada movimiento.
En la habitación principal, Valentina se sentó frente a su tocador, quitándose lentamente las joyas de diamantes que pesaban como un lastre de metal. Podía ver