Los focos de los vehículos de escolta de Sebastián cortaban la oscuridad de la noche como un bisturí que desollara el alma de Valentina. Miguel temblaba dentro de la ambulancia, mientras Valentina permanecía de pie sobre el frío asfalto, su aliento formaba un tenue humo en el aire helado de la noche medellinense.
Sebastián avanzó paso a paso. Cada golpe de sus zapatos sobre el asfalto sonaba como una campana funeraria. Su rostro, normalmente impasible, ahora parecía destrozado no por la ira, si