Las sirenas de los bomberos rugían a lo lejos, pero para Sebastián Valderrama, el mundo se volvió de repente completamente silencioso. Estaba de pie frente a la puerta del dormitorio de Valentina, ahora consumido por las llamas. Humo negro se elevaba en espirales, ahogando sus pulmones, pero no le importaba. Sus ojos rojos miraban fijamente hacia la cama que comenzaba a arder, buscando la figura de la mujer que era el centro de su locura.
"¡VALENTINA!" rugió, su voz ronca por el humo y la deses