La noche en Bogotá se sentía más fría que de costumbre, como si el cielo contuviera la aliento ante la desesperada apuesta que Valentina Morales estaba a punto de realizar.
En la entrada de servicio del Hospital Central, una camioneta todoterreno negra con el motor rugiendo suavemente ya esperaba.
Valentina subió rápidamente, conteniendo el dolor punzante en la cicatriz de su cirugía. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos ardían con una determinación inquebrantable.
"¿Estás segura de esto, V