El eco de las campanas de boda que acababa de cesar en el capítulo anterior pareció transformarse en las campanas de la muerte para la felicidad de Valentina.
En el salón principal de la Hacienda de la Paz, donde los pétalos de rosa blanca aún cubrían el suelo, la atmósfera, antes llena de risas, se congeló de repente como si hubieran vertido agua helada sobre ella.
Valentina seguía de pie junto a Sebastián, con el ramo de novia aún en su mano. Sin embargo, sus ojos estaban fijos en la gran pa