La niebla matutina de la Sierra Nevada se filtraba a través de las rendijas de las ventanas de madera del puesto de salud de San Lorenzo, trayendo el aroma de pino húmedo y tierra fría.
Valentina despertó no por el lujoso despertador de su teléfono, sino por una náusea que golpeaba su estómago con el doble de fuerza que el día anterior.
Se levantó rápidamente, tratando de no despertar a Santiago, que dormía plácidamente a su lado.
Con pasos inestables, se dirigió a la parte trasera del edific