El rugido del motor del camión de Jorge se convirtió en un gruñido pesado mientras el vehículo ascendía por las empinadas laderas de la Sierra Nevada.
El asfalto había desaparecido hacía tiempo, reemplazado por un camino estrecho y resbaladizo debido a la neblina que descendía temprano.
Valentina se aferró a la barandilla de la cabina, intentando proteger a Santiago para que no se golpeara cada vez que el camión sorteaba un bache.
Ya casi llegamos, Elena dijo Jorge sin apartar la vista de una