El aire en la mansión se sentía frío como el hielo, pero la sangre en las venas de Valentina estaba hirviendo.
Ya no le importaba el miedo que normalmente la paralizaba.
Ante ella, este museo de la locura una habitación llena de fantasmas de Carolina era la muda testigo de la destrucción de su dignidad como ser humano.
"¡No te atrevas a tocarme otra vez con esas manos!" gritó Valentina, su voz ronca, resonando entre las paredes cubiertas de fotos de su doble.
Sebastián permanecía de pie en el