La mañana en Medellín llegó acompañada de una ligera niebla que envolvía los rascacielos del Grupo Valderrama.
En el ático de la mansión, Valentina se paraba frente al espejo, vistiendo un traje formal de chaqueta color marfil diseñado especialmente para ocultar su vientre cada vez más prominente, pero que aún así irradiaba una aura de autoridad.
Sus manos aún temblaban ligeramente cuando tocaba su colgante.
Dentro de él había una micro-SD con los datos que había robado de la bóveda digital de