Un silencio sofocante envolvía el viaje de regreso a la mansión. Dentro del Rolls-Royce insonorizado, Valentina miraba por la ventana, observando cómo las luces de Medellín comenzaban a encenderse como miles de ojos que la vigilaban. A su lado, Sebastián estaba sentado con una calma aterradora, sus dedos golpeaban suavemente el reposabrazos de cuero.
"Estás muy callada, Valentina", dijo Sebastián con voz baja, rompiendo el silencio. "¿Estás planeando el siguiente movimiento de ajedrez para derr