Mundo ficciónIniciar sesiónTreinta minutos después, Isabella y Mariana estaban sentadas en su cafetería favorita, dos tazas humeantes de café entre ellas. Isabella había pasado los últimos veinte minutos contándole todo: la cena, la conversación, la vulnerabilidad de Dante, y finalmente, el beso.
Mariana la miraba con los ojos muy abiertos, su café olvidado.
Déjame asegurarme de que entendí bien dijo finalmente . ¿Besaste a Dante Santoro? ¿El hombre que has odiado durante diez años? ¿El hombre cuya empresa destruyó a tu padre?
Técnicamente, él me besó a mí Isabella tomó un sorbo largo de su café . Pero sí, yo... respondí.
Bella Mariana se inclinó hacia adelante, tomando las manos de Isabella . ¿Qué estás haciendo? Esto es peligroso. No solo profesionalmente, sino emocionalmente. Este hombre representa todo lo que has estado luchando contra.
Lo sé Isabella sintió las lágrimas picar en sus ojos . Créeme, lo sé. Pero Mar, cuando estoy con él, cuando habla conmigo, me mira... no es el monstruo que construí en mi cabeza. Es solo un hombre. Un hombre complicado, con sus propias cicatrices, sus propios arrepentimientos.
Eso no borra lo que hizo.
No, no lo hace Isabella apartó la mirada, mirando por la ventana . Pero tal vez... tal vez es hora de que deje de vivir en el pasado. Mi padre murió hace cinco años, Mar. Y he pasado cada día desde entonces aferrándome a la ira, al resentimiento, porque era más fácil que enfrentar el dolor. Pero el odio no lo va a traer de vuelta. Y destruir a Dante no va a cambiar lo que pasó.
Mariana suspiró, apretando las manos de Isabella.
Solo prométeme que tendrás cuidado. Que no dejarás que tus sentimientos nublen tu juicio. Este proyecto es enorme para nosotras, Bella. Podría hacer nuestra carrera. No podemos permitirnos errores.
Lo sé. Y prometo que seré profesional. Lo que pasó el viernes... fue un momento de debilidad. No volverá a pasar.
Pero incluso mientras decía las palabras, Isabella sabía que era mentira. Porque cuando cerró los ojos, aún podía sentir los labios de Dante en los suyos, y una parte de ella deseaba desesperadamente sentirlos otra vez.
Dos días después, Isabella recibió un correo electrónico de Roberto, el asistente de Dante.
"Estimada Srta. Morales,
De acuerdo con los términos del contrato, requerimos que usted esté presente en las oficinas de Empresas Santoro tres días a la semana (lunes, miércoles y viernes) durante la fase de construcción para consultas directas con el equipo de proyecto. Se le ha asignado una oficina en el piso 57.
Por favor confirme que puede comenzar este lunes.
Atentamente,
Roberto Mendoza"
Isabella miró el correo con horror creciente. ¿Tres días a la semana? ¿En el edificio de Dante? ¿Cómo se suponía que mantuviera distancia profesional si estaban en el mismo edificio la mitad de la semana?
Llamó a Mariana inmediatamente.
¿Viste el correo?
Lo vi Mariana sonaba preocupada . ¿Está en el contrato? No recuerdo haber acordado eso.
Déjame revisar Isabella abrió el documento del contrato, escaneando las páginas. Y ahí estaba, en la cláusula 7.3: "El arquitecto principal debe estar disponible en sitio tres días a la semana durante la construcción." Había estado tan enfocada en los aspectos creativos del contrato que había pasado por alto ese detalle.
Está en el contrato dijo con un suspiro—. Lo firmé sin leer bien esa parte.
¿Puedes manejarlo? preguntó Mariana gentilmente . Estar tan cerca de él, tres días a la semana.
Tendré que hacerlo respondió Isabella con más confianza de la que sentía . Es solo trabajo. Puedo ser profesional.
El lunes llegó demasiado pronto. Isabella se vistió con cuidado: un vestido negro hasta la rodilla, blazer gris, tacones profesionales pero cómodos. Maquillaje mínimo. Cabello recogido. Armadura profesional completa.
La oficina en el piso 57 resultó ser espaciosa y luminosa, con ventanales del piso al techo y vista al río. Había un escritorio grande, una mesa de trabajo para planos, e incluso un pequeño sofá en la esquina. Era perfecta, excepto por un detalle: estaba directamente al lado de la oficina de Dante.
Espero que la oficina sea de su agrado la voz de Dante la hizo girar. Estaba parado en la puerta, vestido con un traje azul marino que hacía que sus ojos parecieran aún más oscuros.
Es... adecuada respondió Isabella, manteniendo su voz neutral.
Adecuada repitió Dante con una pequeña sonrisa . Haré que Roberto sepa que mi arquitecta encuentra su espacio de trabajo meramente adecuado.
No quise...
Estoy bromeando, Isabella su sonrisa se amplió . ¿Puedes relajarte un poco? No voy a morderte.
A menos que me lo pidas, añadió su expresión, y Isabella sintió calor subir por su cuello.
Señor Santoro...
Cuando estamos solos, es Dante la interrumpió . Ya hemos superado las formalidades, ¿no crees?
Isabella tomó un respiro profundo.
Dante, necesitamos establecer límites. Lo que pasó hace dos semanas fue un error. No puede volver a suceder. Esto debe ser puramente profesional.
Dante se acercó, y cada instinto de Isabella le gritaba que retrocediera, que mantuviera la distancia. Pero se mantuvo firme, levantando la barbilla desafiantemente.
¿Un error? preguntó él, deteniéndose a centímetros de ella . ¿Es eso realmente lo que piensas?
Es lo que tiene que ser respondió Isabella, aunque su voz temblaba ligeramente.
Dante la estudió por un largo momento, y Isabella vio el conflicto en sus ojos. Finalmente, dio un paso atrás.
Está bien. Profesional. Puedo hacer eso hizo una pausa . Pero Isabella, no puedo cambiar el hecho de que cada vez que te veo, recuerdo cómo sabías. Y no voy a disculparme por eso.
Antes de que Isabella pudiera responder, se dio la vuelta y salió de la oficina, dejándola con el corazón latiendo salvajemente y las rodillas débiles.
Los siguientes días fueron tortura. Isabella intentaba concentrarse en su trabajo, en los planos, en las reuniones con ingenieros y contratistas. Pero estaba constantemente consciente de Dante a solo unos metros de distancia, separados únicamente por una pared.
A veces lo escuchaba hablando por teléfono, su voz profunda resonando a través de las paredes delgadas. Otras veces, pasaba por su oficina en camino a reuniones, siempre deteniéndose para saludar, para preguntar cómo iba su trabajo, para mirarla con esos ojos que prometían cosas que ella se negaba a considerar.
Y lo peor era que Isabella comenzaba a notar cosas sobre él que no había visto antes. La forma en que trataba a sus empleados con respeto genuino. Cómo se quedaba hasta tarde trabajando, tan dedicado a su empresa como ella a su arquitectura. La sonrisa rara pero genuina que aparecía cuando alguien compartía buenas noticias.
No era el villano unidimensional que había creado en su mente. Era un hombre real, complejo, con virtudes y defectos.
Y eso la asustaba más que cualquier otra cosa.
Era viernes por la tarde, casi las seis, y la mayoría de los empleados ya se habían ido. Isabella estaba revisando unos cálculos estructurales cuando escuchó un golpe en su puerta.
Adelante llamó sin levantar la vista.
Trabajando hasta tarde de nuevo dijo Dante, entrando a su oficina.
Isabella levantó la vista, sorprendiéndose al ver que llevaba su chaqueta sobre el brazo y su corbata aflojada. Se veía cansado, humano, inesperadamente vulnerable.
Podría decir lo mismo de ti respondió.
Touché Dante se sentó en la silla frente a su escritorio sin ser invitado . ¿Has comido?
No tengo hambre.
Eso no fue lo que pregunté se inclinó hacia adelante . Isabella, has estado aquí desde las siete de la mañana. Necesitas comer.
Estoy bien.
Eres terca.
Soy dedicada corrigió Isabella.
Ambas cosas pueden ser verdad Dante sonrió . Mira, hay un restaurante tailandés increíble a dos cuadras. Déjame comprarte la cena. Solo comida, nada más. Dos colegas cenando después de un largo día de trabajo.
Isabella debería decir que no. Debería recordar sus límites, su promesa de mantener las cosas profesionales. Pero estaba hambrienta, cansada, y la idea de volver a su apartamento vacío y comer comida para llevar sola era deprimente.
Solo comida dijo finalmente . Nada más.
Nada más acordó Dante, pero había un brillo en sus ojos que sugería que estaba pensando exactamente en el "algo más" que ambos estaban tratando de evitar.
Treinta minutos después, estaban sentados en un pequeño restaurante tailandés, compartiendo Pad Thai y curry verde. Era casual, cómodo, sorprendentemente normal.
Cuéntame sobre tu primer proyecto dijo Dante . El que te hizo enamorarte de la arquitectura.
Isabella sonrió ante el recuerdo.
Tenía doce años. Mi padre me llevó a un sitio de construcción por primera vez. Era un edificio de apartamentos, nada especial. Pero me quedé fascinada viendo cómo algo que existía solo en papel se convertía en realidad, cómo el acero y el concreto y el vidrio se unían para crear espacios donde la gente viviría, amaría, construiría sus vidas hizo una pausa . Mi padre me dio un plano ese día y me dijo: "Algún día, crearás algo aún más hermoso." Y desde ese momento, supe que quería ser arquitecta.
Tu padre estaría orgulloso de ti dijo Dante en voz baja . De lo que has logrado, de la mujer en la que te has convertido.
Isabella sintió lágrimas picar en sus ojos.
¿Cómo puedes decir eso? Después de lo que pasó entre ustedes...
Porque es verdad Dante extendió su mano sobre la mesa, deteniéndose justo antes de tocar la suya . Isabella, he pasado las últimas dos semanas investigando todo lo que pude sobre tu padre. Era un buen hombre, un constructor honorable, alguien que se preocupaba por su trabajo y su familia. Y si pudiera volver atrás, si pudiera cambiar lo que pasó...
Pero no puedes Isabella apartó su mano . Ninguno de nosotros puede cambiar el pasado.
No acordó Dante . Pero podemos decidir cómo dejamos que afecte nuestro futuro.
Se miraron a través de la mesa, el aire entre ellos cargado de posibilidades no dichas. Isabella sintió las defensas que había construido tan cuidadosamente comenzar a desmoronarse, ladrillo por ladrillo.
Dante... no sé si puedo hacer esto.
¿Hacer qué?
Esto. Sea lo que sea esto. Cada vez que te veo, me recuerdo a mí misma todas las razones por las que debería odiarte. Pero luego hablas conmigo, me miras así, y olvido por qué era tan importante mantener la distancia.
Dante se levantó de su silla y se movió para sentarse junto a ella en el pequeño booth. Estaba tan cerca que Isabella podía sentir el calor de su cuerpo, el aroma de su colonia.
Entonces deja de intentar recordar murmuró, su mano encontrando la de ella bajo la mesa. Deja de pelear contra esto. Porque yo dejé de pelear hace una semana, Isabella. Y ha sido la peor y mejor decisión que he tomado.
¿Por qué la peor? susurró Isabella.
Porque cada día que paso cerca de ti sin poder tocarte, sin poder besarte otra vez, es una tortura su pulgar acariciaba círculos en su palma . Y la mejor porque finalmente estoy sintiendo algo real, algo que no puedo controlar o manipular o comprar. Tú me haces sentir vivo de una manera que había olvidado que era posible.
Isabella debería apartarse. Debería recordar todas las razones por las que esto era una mala idea. En cambio, se encontró inclinándose hacia él, sus ojos cayendo a sus labios.
Esto va a complicar todo susurró.
Ya está complicado respondió Dante, y cerró la distancia.
Este beso fue diferente al primero. No era exploratorio o tentativo. Era hambriento, desesperado, lleno de dos semanas de tensión reprimida. Las manos de Dante estaban en su cabello, deshaciendo el moño cuidadoso y dejando que las ondas cayeran sobre sus hombros. Isabella se aferró a su camisa, atrayéndolo más cerca, necesitando sentir el calor sólido de su cuerpo contra el suyo.
Cuando finalmente se separaron, ambos estaban sin aliento, sus frentes apoyadas una contra la otra.
Deberíamos irnos de aquí dijo Dante, su voz ronca. Antes de que nos convirtamos en un espectáculo.
Isabella miró alrededor, dándose cuenta de repente de que estaban en un restaurante público, aunque afortunadamente el booth era relativamente privado y el restaurante estaba casi vacío.
Tienes razón se apartó, intentando arreglar su cabello con dedos temblorosos.
Dante pagó la cuenta y salieron al aire fresco de la noche. El auto de Dante estaba estacionado cerca, pero ninguno se movió hacia él. En cambio, se quedaron parados en la acera, mirándose, el peso de la decisión que enfrentaban colgando pesado entre ellos.
Ven a casa conmigo dijo Dante finalmente, su voz apenas más que un susurro.
Isabella sabía lo que estaba pidiendo. Sabía que si iba con él, cruzarían una línea que no podrían descruzar. Y parte de ella, la parte racional y cautelosa, gritaba que dijera que no.
Pero había otra parte, la parte que había estado sola durante tanto tiempo, que había construido paredes tan altas que nadie podía escalarlas, esa parte estaba cansada de pelear.
Llévame a casa dijo, y vio el destello de sorpresa y deseo en los ojos de Dante.
El viaje al penthouse de Dante pasó en un borrón. Isabella estaba consciente de su mano en su muslo, del calor que se construía entre ellos, de la promesa implícita en cada mirada que compartían.
El penthouse era exactamente lo que Isabella esperaría: moderno, minimalista, lleno de arte caro y vistas espectaculares. Pero ella apenas lo notó. Toda su atención estaba en el hombre que cerraba la puerta detrás de ellos, que la miraba como si fuera la única cosa que importaba en el mundo.
¿Estás segura? preguntó Dante, dándole una última oportunidad de retirarse.
En respuesta, Isabella cerró la distancia entre ellos y lo besó con toda la pasión y el conflicto y el deseo que había estado reprimiendo durante semanas.
Esa noche, Isabella descubrió que Dante Santoro era tan dedicado y apasionado en el dormitorio como lo era en los negocios. Descubrió las cicatrices en su espalda que nunca había mencionado, los tatuajes escondidos bajo sus trajes perfectos, la forma en que susurraba su nombre como una oración.
Y en la oscuridad de su habitación, con su cuerpo cálido presionado contra el de ella, Isabella finalmente admitió la verdad que había estado evitando: estaba enamorándose de Dante Santoro, y no tenía idea de cómo detenerlo.







