Isabella despertó con la luz del sol filtrándose a través de cortinas que no reconocía, en una cama que no era la suya, con un brazo masculino pesado sobre su cintura. Por un momento de pánico, no recordó dónde estaba. Luego todo volvió en un torrente: el beso, la decisión, la noche con Dante.
Se giró cuidadosamente para mirarlo. Dormido, se veía más joven, más vulnerable. Las líneas de estrés que normalmente surcaban su frente estaban suavizadas, sus labios ligeramente entreabiertos. Se veía e