Mundo ficciónIniciar sesiónEn la sala de neonatología, un minuto sin llorar es una eternidad de terror.
El tiempo había dejado de comportarse de manera convencional. Se había convertido en algo viscoso, denso, que se arrastraba con una lentitud tortuosa mientras las enfermeras se movían con una rapidez que desafiaba toda lógica. Camila observaba desde el otro lado del cristal, con las manos presionadas contra la superficie fría hasta que sus nudillos perdieron el color, mientras el equipo médico trabajaba sobre dos criaturas tan pequeñas que parecían más frágiles que el cristal que las separaba de ella.
El primer gemelo había llegado después de cuarenta y tres minutos de esfuerzo desesperado. Seiscientos ochenta gramos de vida precaria, un cuerpo tan diminuto que cabía en las palmas unidas de la doctora Chen. Su piel, casi traslúcida, revelaba cada vena, cada latido débil de un coraz&o







