Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn la sala de neonatología, un minuto sin llorar es una eternidad de terror.
El tiempo había dejado de comportarse de manera convencional. Se había convertido en algo viscoso, denso, que se arrastraba con una lentitud tortuosa mientras las enfermeras se movían con una rapidez que desafiaba toda lógica. Camila observaba desde el otro lado del cristal, con las manos presionadas contra la superficie fría hasta que sus nudillos perdieron el color,







