El llanto de Alina no paraba, el solo pensar que se encontraría con la penetrante y fría mirada de Dorían, la hacía estremecer de miedo, ese hombre era el diablo mismo y ella lo había provocado aún cuando él le advirtió que no lo hiciera
— Los hombres del importante CEO, la llevaban de los brazos sin que ella ni siquiera tocará el suelo, apenas entraron a la habitación, la arrojaron a los piel de Dorían quién se encontraba sentado cruzado de piernas con un cigarrito en la mano en un fino sillón