Una vez que ya me repuse del dolor, me acerque a David rendida, rodeandome él mi cuerpo con sus brazos, juntando sus labios con los míos, en un beso lujurioso y apasionado vitoreando nos todos los invitados
— Ya eres mía, todo su ser es mio — me dijo David
La fiesta siguió como si no hubiera pasado nada, aunque la mujer que se atrevió a acercarse a mí, me cogió del brazo haciéndome entrar con ella en la casa, nos fuimos al salón sentandonos las dos en el sofá y sacando de su bolso un tubo me e