Un carraspeo de garganta interrumpió algunas risas compartidas entre Lenis y George sobre la pista de baile. No se habían despegado durante media hora, casi sin sentir molestia en las piernas por el tiempo transcurrido allí de pie, solo disfrutándose mutuamente como nunca antes lo habían hecho, al menos, no en público. Aquello era todo un acontecimiento para ambos.
La pareja miró a quien había osado con acercarse a ellos. Maximiliano Bastidas los miraba a uno y a otro, con muecas resignadas por