Maximiliano miró su reloj de muñeca, medio oculto bajo la manga de su smoking color negro.
La gala benéfica había comenzado, su madre ya había dado el discurso inicial y su abogado, junto a Lenis, no llegaba.
—¿Qué pasó, por qué aún no están aquí? —preguntó él a T.C a través de una llamada.
—Ellos se han detenido a pocos metros del destino. Esperamos coordenadas o algún movimiento.
Max miró su alrededor y a la gente reunida en las mesas redondas dispersas bajo los grandes toldos blancos, ino