Lenis sintió que la piel volvía a apretarse alrededor de ella. Podía estar verdaderamente molesta con los tres jefes, pero jamás los dejaría en evidencia. Ella tenía, una vez más, que fingir, así dijese una verdad a medias que pudiese comprometer todo, pero con Jefferson no se las podía jugar baja, tenía que ir con cuidado a pesar de la osadía, y el único modo de lograrlo era haciendo que él creyera todo lo que le decía.
—No supe de la existencia de ellos hasta que Sias me lo contó, por eso via